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Madrid, Madrid, Spain
Soy María Auxiliadora Gómez. venezolana, de profesión Dra en educación, estoy jubilada. Soy católica, creo en Dios Padre todopoderoso y en la Virgen María.Tengo tres hijas que para mi son mis más hermosas poesías: María Vanessa, María Patricia y María del Carmen. Amo la cultura el folklore, los refranes, el teatro, las danzas, la música, la pintura, la poesía, es decir el arte en todas sus facetas. Así mismo me gusta escribir cuentos, temas alusivos a la cultura, guíones de teatros, monólogos poesías; al decir poesías hago una pausa porque para mí la poesía es parte de mi vida, pues desde muy pequeña mi papá que hace tiempo está en el cielo me condujo a es mundo mágico y me enseñó a conocer, a convivir, a declamar y sobre todo a amar la poesía. Para muestra, soy autora de un libro de poemas titulado SUBLIME LENGUAJE DEL ALMA. En ese mismo sentido, en mi pueblo San Fernando de Apure escribía en una columna del Semanario NOTILLANOS que llevaba por nombre HORIZONTE CULTURAL. En honor a esa columna fue que hice este Blog en el año 2013 con el mismo nombre.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Florentino y el Diablo



(EL DIABLO)
Catire quitapesares, contéstame esta pregunta:
¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha
y aunque le den en el pico tiene picada segura?

(FLORENTINO)
Tiene picada segura el gallo que se rebate y no se atraviesa nunca,
bueno si tira del pie, mejor si pica en la pluma.

(EL DIABLO)
Mejor si pica en la pluma.
Si sabe tanto de todo,
diga cuál es la república
donde el tesoro es botín
sin dificultad ninguna.

(FLORENTINO)
Sin dificultad ninguna.
La colmena en el papayo
que es palo de blanda pulpa:
el que no carga machete
saca la miel con las uñas.

(EL DIABLO)
Saca la miel con las uñas.
Contésteme la tercera,
si respondió la segunda,
y diga, si anduvo tanta
sabana sin sol ni luna,
quién es el que bebe arena
en la noche más oscura.

(FLORENTINO)
En la noche más oscura,
no quiero ocultar mi sombra
ni me espanto de la suya.
Lo malo no es el lanzazo
sino quien no lo retruca;
tiene que beber arena
el que no bebe agua nunca.

(EL DIABLO)
El que no bebe agua nunca.
Así cualquiera responde
barajando la pregunta.
Si sabe, dé su razón,
y si no, no dé ninguna:
¿Quién mitiga el fuego amargo
en jagüey de arena pura,
quién mata la sed sin agua
en la soledad profunda?

(FLORENTINO)
En la soledad profunda.
El pecho del medanal,
el romance que lo arrulla,
la conseja que lo abisma,
el ánima que lo cruza,
la noche que lo encobija,
el soplo que lo desnuda,
la palma que lo custodia,
el lucero que lo alumbra.
¿Qué culpa tengo, señores,
si me encuentra el que me busca?

(EL DIABLO)
Si me encuentra el que me busca
el susto lo descarea.
Falta un cuarto pa’ la una
cuando el candil parpadea,
cuando el espanto sin rumbo
con su dolor sabanea,
cuando Florentino calla
es que se le va la idea,
cuando canta la pavita,
cuando el gallo menudea.

(FLORENTINO)
Cuando el gallo menudea
la garganta se me afina
y el juicio se me clarea.
Yo soy como el espinito
que en la sabana florea:
le doy aroma al que pasa
y espino al que me menea.

(EL DIABLO)
Y espino al que me menea.
No le envidio al espinito
las galas de que alardea:
cuando la candela pasa
la pata se le negrea.
Con plumaje y bulla de ala
no se cobra la pelea.
Vaya poniéndose alante
pa’ que en lo oscuro me vea.

(FLORENTINO)
Pa’ que en lo oscuro me vea.
Amigo, no arrime tanto
que el bicho se le chasea.
Atrás y alante es lo mismo
pa’l que no carga manea.
El que va atrás ve pa’lante
y el que va alante voltea.

(EL DIABLO)
Y el que va alante voltea
al contemplar lo que sube
borrando lo que verdea:
en invierno el aguazal,
en verano la humareda.
Me gusta cantar al raso
de noche cuando ventea,
porque así es cuando se sabe
quién mejor contrapuntea.

(FLORENTINO)
Quien mejor contrapuntea
hace sus tratos de día
y trabaja por tarea.
¡Póngame ese trompo en la uña
a ver si taratatea!
Ni que yo fuera lechuza
en campanario de aldea
para cantar en lo oscuro
con esta noche tan fea.

(EL DIABLO)
Con esta noche tan fea,
una cosa piensa el burro
y otra el que arriba lo arrea.
Ay… Catire Florentino,
escuche a quien lo previene:
dele tregua a la porfia
pa’ que tome y se serene
si no quiere que le falle
la voz cuando se condene.

(FLORENTINO)
La voz cuando se condene.
Mientras el cuatro me afine
y las maracas resuenen,
ni hay espuelas que me apuren
ni bozal que me sofrene,
ni quien me obligue a beber
en tapara que otro llene.
Coplero que canta y toca
su justa ventaja tiene:
toca cuando le da gana,
canta cuando le conviene.

(EL DIABLO)
Canta cuando le conviene…
Si su destino es porfiar
aunque llueva o aunque truene
le voy a participar…
Amigo, que en este duelo
yo no le vengo a brindar
miel de ariscas con buñuelo.
Si se pone malicioso
no me extraña su recelo,
que al que lo mordió macagua
bejuco le para el pelo.

(FLORENTINO)
Bejuco le para el pelo.
Contra un giro atravesao,
yo a mi pollo ni lo amuelo.
Entre cantadores canto,
entre machos me rebelo,
entre mujeres me sobra
muselina y terciopelo,
cuando una me dice adiós
a otra le pido consuelo.
Desde cuando yo volaba
paraparas del rayuelo
vide con la noche oscura
la Cruz de Mayo en el cielo.

(EL DIABLO)
La Cruz de Mayo en el cielo.
A mí no me asustan sombras
ni con luces me desvelo:
en el sol soy gavilán,
en la oscuridad mochuelo,
familia de alcaraván
canto mejor cuando vuelo;
también como la goabina
si me agarra me le pelo,
también soy caimán cebao
que en boca ’e caño lo velo.

(FLORENTINO)
Que en boca ’e caño lo velo.
Me acordé de aquel corrido
que me lo enseñó mi abuelo.
Velando al que nunca pasa
el vivo se quedó lelo,
para caimán, el arpón,
para goabina, el anzuelo,
patiquín que estriba corto
no corre caballo en pelo.
¿Con qué se seca la cara
el que no carga pañuelo?
¿Pa’ qué se limpian las patas
el que va a dormí en el suelo?

(EL DIABLO)
El que va a dormí en el suelo
pega en la tierra el oído:
si tiene el sueño liviano
nunca lo matan dormido.
Los gallos están cantando,
escúchale los cantíos.
Los perros están aullando,
recuerda lo convenido,
zamuros de La Barrosa
del alcornocal del frío,
albricias pido, señores,
que ya Florentino es mío.

(FLORENTINO)
Que ya Florentino es mío.
Ñengueres de banco seco,
taro-taros del pionío,
si usté dice que soy suyo
será que me le he vendido,
si me le vendí me paga
porque yo a nadie le fío.
Yo no soy rancho ‘e veguero
que le mete el agua el río.
Yo no soy pájaro bobo
pa’ andar calentando nido.

(EL DIABLO)
Pa’ andar calentando nido.
No sé si es pájaro bobo
pero va por su rendío
con la fatiga del remo
en el golpe mal medido;
en la orilla del silencio
se le añudará el tañido
cuando yo mande a parar
al trueno y al desafío.

(FLORENTINO)
Al trueno y al desafío…
Me gusta escuchar el rayo
aunque me deje aturdido;
me gusta correr chubasco
si el viento lleva tronío.
Águilas sobre la quema,
reto del toro bravío,
cuando esas voces me llaman
siempre les he respondido.
Cómo me puede callar,
coplero recién vestido.

(EL DIABLO)
Coplero recién vestido…
Mano a mano y pecho a pecho
ando atizándome el brío
con el fuego del romance
que es don de mis señoríos.
Relámpagos me alumbraron
desde el horizonte ardío
nariceando cimarrones
y sangrando a los rendíos
con la punta ’e mi puñal
que duele y da escalofrío.

(FLORENTINO)
Que duele y da escalofrío…
Dame campo, pensamiento,
y dame rienda, albedrío,
pa’ enseñarle al que no sabe
a rematar un corrío.
Cimarrones hay que verlos,
pero a usted no le porfío;
puñal, sáquelo si quiere
a ver si responde el mío.
Duele lo que se perdió
cuando no se ha defendido.

(EL DIABLO)
Cuando no se ha defendido
lo que se perdió no importa
si está de pie el vencido
porque el orgullo indomable
vale más que el bien perdío.
Por eso es que me lo llevo
con la nada por avío
en bongo de veinte varas
que tiene un golpe sombrío.
Y vuelvo a cambiarle el pie
pa’ ver si topa el atajo.

(FLORENTINO)
A ver si topa el atajo.
Cuando se fajan, me gusta,
porque yo también me fajo.
Zamuros de La Barrosa
del alcornocal de abajo:
ahora verán, señores,
al Diablo pasar trabajo.

(EL DIABLO)
Al Diablo pasar trabajo.
No mienta quien no conoce
ni finja ese desparpajo.
Mire que por esta tierra
no es primera vez que viajo,
y aquí saben los señores
que cuando la punta encajo
al mismo limón chiquito
me lo chupo gajo a gajo.

(FLORENTINO)
Me lo chupo gajo a gajo.
Usté que se alza el copete
y yo que se lo rebajo.
No se asusten, compañeros,
déjenlo, que yo lo atajo,
déjenlo, que para golpes,
yo sabré si lo barajo;
déjenlo, que suelte el bongo
y que se vaya agua abajo;
antes que Dios amanezca
se lo lleve quien lo trajo;
alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo.
Si me cambió el consonante,
yo se lo puedo cambiar.

(EL DIABLO)
Yo se lo puedo cambiar…
Los graves y los agudos
a mí lo mismo me dan,
porque yo he hecho mi destino
sobre el nunca y el jamás.
Ay… Catire Florentino,
cantor de pecho cabal,
qué tenebroso el camino
que nunca desandará,
sin alante, sin arriba,
sin orilla, sin atrás.
Ya no valen sus baquías,
su fe ni su facultad,
catire quitapesares
arrendajo y turpial.

(FLORENTINO)
Arrendajo y turpial.
De andar solo esa vereda
los pies se le han de secar,
y se le hará más profunda
la mala arruga en la faz,
porque mientras llano y cielo
me den de luz su caudal,
mientras la voz se me escuche
por sobre la tempestad,
yo soy quien marco mi rumbo
con el timón del cantar.
Y si al dicho pido ayuda
aplíquese esta verdad:
que no manda marinero
donde manda capitán.

(EL DIABLO)
Donde manda capitán…
Usted es vela caída,
yo altivo son de la mar.
Ceniza será su voz,
rescoldos de muerte afán,
sed será su última huella,
náufrago en el arenal,
humo serán sus caminos,
piedra sus sueños serán,
carbón será su recuerdo,
lo negro en la eternidad,
para que no me responda
ni se me resista más.
Capitán de las tinieblas
es quien lo viene a buscar.

(FLORENTINO)
Es quien lo viene a buscar.
Mucho gusto en conocerlo
tengo, señor Satanás.
Zamuros de La Barrosa
salgan del arcornocal,
que al Diablo lo agarró el día
queriéndome atropellar.
Sácame de aquí con Dios,
Virgen de la Soledad,
Virgen del Carmen bendita,
sagrada Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro,
dulce Virgen de la Paz,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá,
piadosa Virgen del Valle,
santa Virgen del Pilar,
Fiel Madre de los Dolores,
dame el fulgor que tú das.
San Miguel, dame tu escudo,
tu rejón y tu puñal,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidad.

(¡Y en compases de silencio
negro bongo que echa a andar.
Salud, señores, y el alba
bebiendo en el paso real!).
Autor: Alberto Arvelo Torrealba


Twitter: @mariaauxig

miércoles, 22 de julio de 2015

La serenata de Schubert


¡Oh, qué dulce canción! Límpida brota
Esparciendo sus blandas armonías,
Y parece que lleva en cada nota
¡Muchas tristezas y ternuras mías!

¡Así hablara mi alma... si pudiera!
Así dentro del seno,
Se quejan, nunca oídos, mis dolores!
Así, en mis luchas, de congoja lleno,
Digo a la vida: ¡Déjame ser bueno!
—Así sollozan todos mis amores!

¿De quién es esa voz? Parece alzarse
Junto del lago azul, noche quieta,
Subir por el espacio, y desgranarse
Al tocar el cristal de la ventana
Que entreabre la novia del poeta...
¿No la oís como dice: «hasta mañana»?

¡Hasta mañana, amor! El bosque espeso
Cruza, cantando, el venturoso amante,
Y el eco vago de su voz distante
Decir parece: «hasta mañana, beso!»

¿Por qué es preciso que la dicha acabe?
¿Por qué la novia queda en la ventana.
Y a la nota que dice: «¡Hasta mañana!»
El corazón responde: «¿quién lo sabe?»

¡Cuántos cisnes jugando en la laguna!
¡Qué azules brincan las traviesas olas!
En el sereno ambiente ¡cuánta luna!
Mas las almas ¡qué tristes y qué solas!

En las ondas de plata
De la atmósfera tibia y transparente,
Como una Ofelia náufraga y doliente,
¡Va flotando la tierna serenata...!

Hay ternura y dolor en ese canto,
Y tiene esa amorosa despedida
La transparencia nítida del llanto,
¡Y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
Sueños amantes que piedad imploran,
Y como niños huérfanos, ¡se quejan!

Bien sabe el trovador cuán inhumano
Ara todos los buenos es la suerte...
Que la dicha es de ayer... y que «mañana»
Es el dolor, la obscuridad !la muerte!

El alma se compunge y estremece
Al oír esas notas sollozadas...
¡Sentimos, recordamos, y parece
Que surgen muchas cosas olvidadas!

¡Un peinador muy blanco y un piano!
Noche de luna y de silencio afuera...
Un volumen de versos en mi mano,
Y en el aire ¡y en todo! ¡Primavera!

¡Qué olor de rosas grescas! en la alfombra
¡Qué claridad de luna! ¡Qué reflejos!
...¡Cuántos besos dormidos en la sombra,
Y la muerte, la pálida, qué lejos!

En torno al velador, niños jugando...
La anciana, que en silencio nos veía...
Schubert en su piano sollozando,
Y en mi libro, Musset con su «Lucía».

¡Cuántos sueños en mi alma y en tu alma!
¡Cuántos hermosos versos! ¡cuántas flores!
En tu hogar apacible ¡cuánta calma!
Y en mi pecho ¡qué inmensa sed de amores!

¡Y todo ya muy lejos! ¡todo ido!
¿En dónde está la rubia soñadora?
...¡Hay muchas aves muertas en el nido,
Y vierte muchas lágrimas la aurora!

...Todo lo vuelvo a ver... ¡pero no existe!
Todo ha pasado ahora... ¡y no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste...
¡Y todo alegre, como entonces, veo!

...Esta es la casa... ¡su ventana aquélla!
Ese, el sillón en que bordar solía...
La reja verde... y la apacible estrella
Que mis nocturnas pláticas oía!

Bajo el cedro robusto y arrogante,
Que allí domina la calleja obscura,
Por la primera vez y palpitante
Estreché con mis brazos, su cintura!

¡Todo presente en mi memoria queda!
La casa blanca, y el follaje espeso...
El lago azul... el huerto... la arboleda,
Donde nos dimos, sin pensarlo, un beso!

Y te busco, cual antes te buscaba,
Y me parece oírte entre las flores,
Cuando la arena del jardín rozaba
El percal de tus blancos peinadores!

¡Y nada existe ya! Calló el piano...
Cerraste, virgencita, la ventana...
Y oprimiendo mi mano con tu mano,
Me dijiste también: «¡hasta mañana!»

¡Hasta mañana!... Y el amor risueño
No pudo en tu camino detenerte!...
Y lo que tú pensaste que era el sueño,
Fue sueño, ¡pero inmenso! ¡El de la muerte!

¡Ya nunca volveréis, noches de plata!
Ni unirán en mi alma su armonía,
Schubert, con su doliente serenata
Y el pálido Musset con su «Lucía».

Autor: Manuel Gutiérrez Nájera


Twitter: @mariaauxig

sábado, 18 de julio de 2015

Los peldaños de la vida


Desde el confín de mi alma
De mi esencia y mi pasión;
Con lágrimas en los ojos
De alegría y emoción,
Quiero enviarte un mensaje
Pon de mi corazón.
De saludos y enhorabuena…
Cariños y la bendición.
Y expresarte con vehemencia
Versos de felicitación.
Pues, has subido un peldaño
En tu hermosa profesión,
Y hoy estas celebrando
Muy feliz tu graduación.


Tu has logrado esta meta;
Con empeño y dedicación
Porque siempre llevas contigo
Una quilma de ilusión...
…de sueños y esperanzas…
También de superación.
Y bien sabes con certeza
Y con mucha convicción
Que para llegar a la cima
O alcanzar una misión,
Hay que escalar día a día
Con constancia y efusión
Los peldaños de la vida
Del éxito y de la razón.

Sigue andando los caminos
De dicha y de ensoñación,
Sube siempre hasta la cumbre
Con ahínco y con tesón,
Abrazada de la Fe
Como una dulce oración
La que te enseñé de niña
Cual signo de redención.
Y así todos tus logros
Llevaran la bendición
De Dios Padre Omnipotente
Patri de mi adoración,
Y en cada sueño alcanzado
Un verso de exaltación.


María Auxiliadora Gómez

Mérida- Venezuela- Julio 2015

jueves, 9 de julio de 2015

Frases para reflexionar.




... El arte es un sentimiento intrínseco del alma, que
se manifiesta a través de la pintura, el dibujo, la escultura, la voz,
el canto, la música, el teatro, el baile, el cuento o la poesía; Signados todos
por la inspiración... el amor... y la pasión.



María Auxiliadora Gómez.


Twitter: @mariaauxig

domingo, 5 de julio de 2015

Reir llorando


Viendo a Garrik - actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.



                                                             Autor: Juan  de Dios peza.
                                                         Twitter: @mariaauxig

martes, 30 de junio de 2015

El callejón del beso


Una noche invernal, de las más bellas
con que engalana enero sus rigores
y en que asoman la luna y las estrellas
calmando penas e inspirando amores;
noche en que están galanes y doncellas
olvidados de amargos sinsabores,
al casto fuego de pasión secreta
parodiando a Romeo y a Julieta.
En una de esas noches sosegadas,
en que ni el viento a susurrar se atreve,
ni al cruzar por las tristes enramadas
las mustias hojas de los fresnos mueve
en que se ven las cimas argentadas
que natura vistió de eterna nieve,
y en la distancia se dibujan vagos
copiando el cielo azul los quietos lagos;
llegó al pie de una angosta celosía,
embozado y discreto un caballero,
cuya mirada hipócrita escondía
con la anchurosa falda del sombrero.
Señal de previsión o de hidalguía
dejaba ver la punta de su acero
y en pie quedó junto a vetusta puerta,
como quien va a una cita y está alerta.
En gran silencio la ciudad dormida,
tan sólo turba su quietud serena,
del Santo Oficio como voz temida
débil campana que distante suena,
o de amor juvenil nota perdida
alguna apasionada cantilena
o el rumor que entre pálidos reflejos
suelen alzar las rondas a lo lejos.
De pronto, aquel galán desconocido
levanta el rostro en actitud violenta
y cual del alto cielo desprendido
un ángel a su vista se presenta
-¡Oh Manrique! ¿Eres tú? ¡Tarde has venido!
-¿Tarde dices, Leonor? Las horas cuenta.
Y el tiempo que contesta a tal reproche
daba el reloj las doce de la noche.
Y dijo la doncella: – “Debo hablarte
con todo el corazón; yo necesito
la causa de mis celos explicarte.
Mi amor, lo sabes bien, es infinito,
tal vez ni muerta dejaré de amarte
pero este amor lo juzgan un delito
porque no lo unirán sagrados lazos,
puesto que vives en ajenos brazos.
“Mi padre, ayer, mirándome enfadada
me preguntó, con duda, si era cierto
que me llegaste a hablar enamorado,
y al ver mi confusión, él tan experto,
sin preguntarme más, agregó airado:
prefiero verlo por mi mano muerto
a dejar que con torpe alevosía
mancille el limpio honor de la hija mía.
“Y alguien que estaba allí dijo imprudente:
¡Ah! yo a Manrique conocí en Sevilla,
es guapo, decidor, inteligente,
donde quiera que está resalta y brilla,
mas conozco también a una inocente
mujer de alta familia de Castilla,
en cuyo hogar, cual áspid, se introdujo
y la mintió pasión y la sedujo.
Entonces yo celosa y consternada
le pregunté con rabia y amargura,
sintiendo en mi cerebro desbordada
la fiebre del dolor y la locura:
-¿Esa inocente víctima inmolada
hoy llora en el olvido su ternura?
Y el delator me respondió con saña:
-¡No! La trajo Manrique a Nueva España.
“Si es la mujer por condición curiosa
y en inquirir concentra sus anhelos,
es más cuando ofendida y rencorosa
siente en su pecho el dardo de los celos
y yo, sin contenerme, loca, ansiosa,
sin demandar alivios ni consuelos,
le pregunté por víctima tan bella
y en calma respondió: -Vive con ella.
“Después de tal respuesta que ha dejado
dudando entre lo efímero y lo cierto
a un corazón que siempre te ha adorado
y sólo para ti late despierto,
tal como deja un filtro envenenado
al que lo apura, sin color y yerto:
no te sorprenda que a tu cita acuda
para que tú me aclares esta duda”.
Pasó un gran rato de silencio y luego
Manrique dijo con la voz serena
-”Desde que yo te vi te adoro ciego
por ti tengo de amor el alma llena;
no sé si esta pasión ni si este fuego
me ennoblece, me salva o me condena,
pero escucha, Leonor idolatrada,
a nadie temo ni me importa nada.
“Muy joven era yo y en cierto día
libre de desengaños y dolores,
llegué de capitán a Andalucía,
la tierra de la gracia y los amores.
Ni la maldad ni el mundo conocía,
vagaba como tantos soñadores
que en pos de algún amor dulce y profundo
ven como eterno carnaval el mundo.
“Encontré a una mujer joven y pura,
y no sé qué la dije de improviso,
la aseguré quererla con ternura
y no puedo negártelo: me quiso.
Bien pronto, tomó creces la aventura;
soñé tener con ella un paraíso
porque ya en mis abuelos era fama:
antes Dios, luego el Rey, después mi dama.
“Y la llevé conmigo; fue su anhelo
seguirme y fue mi voluntad entera;
surgió un rival y le maté en un duelo,
y después de tal lance, aunque quisiera
pintar no puedo el ansia y el desvelo
que de aquella Sevilla, dentro y fuera,
me dio el amor como tenaz castigo
del rapto que me pesa y que maldigo.
“A noticias llegó del Soberano
esta amorosa y juvenil hazaña
y por salvarme me tendió su mano,
y para hacerme diestro en la campaña
me mandó con un jefe veterano
a esta bella región de Nueva España…
¿Abandonaba a la mujer aquella?
soy hidalgo, Leonor, ¡vine con ella!
“Te conocí y te amé, nada te importe
la causa del amor que me devora;
la brújula, mi bien, siempre va al norte;
la alondra siempre cantará a la aurora.
¿No me amas ya? pues deja que soporte
a solas mi dolor hora tras hora;
no demando tu amor como un tesoro,
¡bástame con saber que yo te adoro!
“No adoro a esa mujer; jamás acudo
a mentirle pasión, pero tú piensa
que soy su amparo, su constante escudo,
de tanto sacrificio en recompensa.
Tú, azucena gentil, yo cardo rudo,
si ofrecerte mi mano es una ofensa
nada exijo de ti, nada reclamo,
me puedes despreciar, pero te amo”.
Después de tal relato, que en franqueza
ninguno le excedió, calló el amante,
inclinó tristemente la cabeza;
cerró los ojos mudo y anhelante
ira, celos, dolor, miedo y tristeza
hiriendo a la doncella en tal instante
parecían decirle con voz ruda:
la verdad es más negra que la duda.
Quiere alejarse y su medrosa planta
de aquel sitio querido no se mueve,
quiere encontrar disculpa, más le espanta
de su adorado la conducta aleve;
quiere hablar y se anuda su garganta,
y helada en interior como la nieve
mira con rabia a quien rendida adora
y calla, gime, se estremece y llora.
¡Es el humano corazón un cielo!
Cuando el sol de la dicha lo ilumina
parece azul y vaporoso velo
que en todo cuanto flota nos fascina:
si lo ennegrece con su sombra el duelo,
noche eterna el que sufre lo imagina,
y si en nubes lo envuelve el desencanto
ruge la tempestad y llueve el llanto.
¡Ah! cuán triste es mirar marchita y rota
la flor de la esperanza y la ventura,
cuando sobre sus restos solo flota
el negro manto de la noche obscura;
cuando vierte en el alma gota a gota
su ponzoñosa esencia la amargura
y que ya para siempre en nuestra vida
la primera ilusión está perdido.
Leonor oyendo la vulgar historia
del hombre que encontrara en su camino,
miró eclipsarse la brillante gloria
de su primer amor, casto y divino;
su más dulce esperanza fue ilusoria,
culpaba, no a Manrique, a su destino
y al fin le dijo a su galán callado:
-”Bien; después de lo dicho, ¿qué has pensado?
“Tanta pasión por ti mi pecho encierra
que el dolor que me causas lo bendigo;
voy a vivir sin alma y no me aterra,
pues mi culpa merece tal castigo.
Como a nadie amaré sobre la tierra
llorando y de rodillas te lo digo,
haz en mi nombre a esa mujer dichosa,
porque yo quiero ser de Dios esposa.
Calló la dama y el galán, temblando,
dijo con tenue y apagado acento:
-”Haré lo que me pidas; te estoy dando
pruebas de mi lealtad, y ya presiento
que lo mismo que yo te siga amando
me amarás tú también en el Convento;
y si es verdad, Leonor, que me has querido
dame una última prueba que te pido.
“No tu limpia pureza escandalices
con este testimonio de ternura
no hay errores, ni culpas, ni deslice
entre un hombre de honor y un alma pura;
si vamos a ser ambos infelices
y si eterna ha de ser nuestra amargura,
que mi postrer adiós que tu alma invoca
lo selles con un beso de mi boca”.
Con rabia, ciega, airada y ofendida,
-”No me hables más, -repuso la doncella-
sólo pretendes verme envilecida
y mancillarme tanto como a aquélla.
Te adoro con el alma y con la vida
y maldigo este amor, pese a mi estrella,
si hidalgo no eres ya ni caballero
ni debo amarte, ni escucharte quiero”.
Manrique, entonces la cabeza inclina,
siente que se estremece aquel recinto,
y sacando una daga florentina,
que llevaba escondida bajo el cinto
como un tributo a la beldad divina
que amó con un amor jamás extinto,
altivo, fiero y de dolor deshecho
diciendo : -”Adiós, Leonor”, la hundió en su pecho.
La dama, al contemplar el cuerpo inerte
en el dintel de su mansión caído,
maldiciendo lo negro de la suerte,
pretende dar el beso apetecido.
Llora, solloza, grita ante la muerte
del hombre por su pecho tan querido,
y antes de que bajara hasta la puerta
la gente amedrentada se despierta.
Leonor, a todos sollozando invoca
y les pide la lleven al convento
junto a Manrique, en cuya helada boca
un beso puede renovar su aliento.
Todos claman oyéndola: “¡Está loca!”
y ella, fija en un solo pensamiento
convulsa, inquieta, lívida y turbada
cae, al ver a su padre, desmayada.

Y no cuentan las crónicas añejas
de aquesta triste y amorosa hazaña,
si halló asilo Leonor tras de las rejas
de algún convento de la Nueva España.
Tan fútil como todas las consejas,
si ésta que narro a mi le lector extraña,
sepa que a la mansión de tal suceso,
llama la gente: “El Callejón del Beso”.

Autor: Juan de Dios Peza.


Twitter: @mariaauxig



domingo, 28 de junio de 2015

Frases para reflexionar.




... La vida es una obra de teatro, en la cual cada persona es
protagonista de sus vicisitudes, de sus adversidades y de sus
altibajos, así como también de sus éxitos, logros y triunfos,
enmarcados dentro del contexto de la Fe, el Empeño,
el Tesón, la Tenacidad y el deseo inmenso de ser cada día mejor...


María Auxiliadora Gómez.


Twitter: @mariaauxig